domingo, 8 de marzo de 2009

Hermes... Bajo el cielo se dibuja









La luna llena se levantaba sobre los campos, y a veces se dejaba "fildear" por la ventanilla. El Greyhound había partido desde Memphis a las siete y treinta y nueve de la noche. Unos pasajeros negros, sentados al fondo, entonaban canciones melodiosas, cuyas letras no entendía. Otros musitaban ritmos cadenciosos, que sentía le tocaban la piel. No le había sorprendido la noticia, por cuarta semana consecutiva, la revista "Baseball Weekly" lo galardonaba a él, como el mejor prospecto en la organización de los Medias Blancas de Chicago. El autocar se detendría en Saint Louis, Missouri, en pocos minutos. Castorina había nacido allí. "La puerta para la conquista del oeste norteamericano", -se jactaba aquel. ¡"Gran vaina"! -pensaba. Tenia sueño, pero debería bajar y comer algo. Apoyó la cabeza en su guante. Recordaba que había conocido a Elvis el sábado anterior. Sonreía. ¡Ese tipo era eléctrico! Simplemente genial y siempre estaba...

Despuntaba el alba prístina cuando despertó. Sin duda, esa fisonomía de ciudad ante sus ojos era Chicago, la eterna ciudad de los vientos. Revisó la información que traía. Esa misma noche vestiría un uniforme de grande liga. Estaría en la cueva home club y quizás debutaría -con suerte- como campocorto en el Comiskey Park. Entrando por el sur de la ciudad, observó a su derecha al majestuoso Lago Michigan. Otro lago aún recorría su niñez. Recordó entonces a su tío Ernesto cuando lo despedía en el aeropuerto Grano de Oro de Maracaibo.

Luis...-le dijo- La vida, es como ser invitado a una fiesta, donde romperán una hermosa y gran piñata, y donde nadie sabe lo que le toca, hasta que lo atrapa. Si tú vas a atrapar pelotas de Béisbol en los Estados Unidos como lo has hecho acá... ¡No tengo dudas mijo! Serás el mejor del mundo...

Era 17 de abril de mil novecientos cincuenta y seis. El Greyhound recorría Lakeview hasta su Terminal. Su reloj marcaba las siete y treinta y nueve. En el horizonte, Hermes el mensajero argifonte, cruzaba su distancia, como presagio de cosas buenas. Lo demás es historia. Historia viva que está escrita en páginas doradas. Atrapada en los momentos más gloriosos, del deporte más antiguo del universo: El Béisbol.

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